Autobiografía


10/9/2024 – Revisión prospecto condominio Francisco Bettancourt


Introducción

Manuel es un hombre conocido y reconocido en la ciudad de Punta Arenas por su activismo a favor de causas justas, desde la defensa de los derechos humanos, a las reivindicaciones de trabajadores y trabajadoras, a la promoción de la cultura popular, y el rescate de la historia de lucha de obreros y campesinos de la región.

Año tras año, desde su puesto de Presidente de la Agrupación de Usuarios PRAIS, Manuel organiza a fines de octubre, un viaje a Porvenir para rendir homenaje a los compañeros ejecutados en Tierra del Fuego. El 24 de octubre de 1973, en Cerro Sombrero, fue ejecutado Jorge Manuel Parra Alarcón y el 30 de octubre de 1973, en Los Canelos, Porvenir, los compañeros Carlos Raúl Baigorri Hernández, Germán Simón Cárcamo Carrasco, y Ramón Domingo González Ortega. Por medio de esta actividad, que incluye una romería al Cementerio Municipal de Porvenir, se ha mantenido viva la memoria de estas víctimas de la dictadura.

De manera especial, Manuel lleva colgado en su pecho la fotografía del detenido desaparecido Francisco Bettancourt Bahamonde. Al momento del golpe, Bettancourt era un joven trabajador de ENAP, egresado de la Universidad Técnica del Estado, dirigente regional del MAPU. Viajó desde Posesión, donde trabajaba, a Punta Arenas, y de aquí manifestó su intención de salir hacia Rio Gallegos, lo que no logró. Su última ubicación con vida fue en el Barrio Prat de la ciudad. Su caso sigue abierto.

Manuel participó y participa activamente en las tareas del nuevo Plan de Búsqueda, Verdad y Justicia. Tenemos la esperanza que esta iniciativa del actual gobierno pueda ampliar las posibilidades de búsqueda, hasta tener datos sobre que pasó con Bettancourt y otros/as desaparecidos/as.

En el 2015 y el 2018, Manuel participó, a riesgo de su vida, en huelgas de hambre. En actitud valiente y decidida, el 2015, Manuel se sumó solo a las huelgas de hambre que en grupos llevaban a cabo ex presos/as políticos/as en el resto del país, demandando una reparación justa y adecuada, que ha sido esquiva, en todos los gobiernos después del retorno a la democracia capitalista. Como resultado de estas huelgas, el gobierno regional accedió a considerar el financiamiento de una solución habitacional para ex presos políticos de la región, hecho único en todo el país, y que recién ahora en 2024 se empieza a hacer realidad.

En 2023, Manuel formó parte de la Coordinadora Popular Magallanes en Conmemoración de los 50 Años del Golpe, la cual desarrolló una serie de actividades para recordar los logros del gobierno de la Unidad Popular. Desde este mismo grupo ha surgido también la iniciativa de restaurar el Monolito de la Federación Obrera de Magallanes, en Avenida Bulnes, el que fuera vandalizado con posterioridad al golpe de estado.

Igualmente, Manuel ha apoyado con su participación las actividades de todos los movimientos progresistas de la ciudad, desde el movimiento NO+AFP por la seguridad social, hasta los movimientos feministas y ecologistas. De destacar es, también, la calidad humana y solidaria de Manuel, de ayudar a quienes estén en necesidad de apoyo, sin consideraciones de juicio moral alguno.

Elegir a Manuel Aguilante como concejal significará tener una representación popular y socialista en el Municipio, siempre alerta a las necesidades del pueblo y siempre dispuesto a escuchar y asumir las reivindicaciones de los más necesitados. Ni mas, ni menos.

Sergio Reyes, Ex preso político, exiliado, retornado


Autobiografía de Manuel Aguilante

Firma de acuerdos huelga de hambre 2018

Infancia

Mi nombre es Manuel Eduardo Aguilante Barrientos. Nací el 4 de junio de 1947 en la ciudad de Punta Arenas, en el mismo domicilio en que vivo actualmente, Paraguaya 655. Entiendo que mi nacimiento fue en el Hospital Regional que estaba en Angamos en esa época.

Soy hijo de madre soltera. Mi madre se llamaba Lindoriza. Ya fallecida hace unos 20 años. Provengo de una familia chilota. Mi madre nació en Punta Arenas, sí. Pero mis abuelos son de Chiloé, específicamente de Curaco de Vélez. Al igual que mi padre, del cual puedo hablar después.

Mi madre y yo vivíamos con mi abuela y una tía abuela, quienes eran propietarias de la casa donde vivíamos y que después fue heredada a mi madre. Ellas se dedicaban al tema del lavado, planchado, almidonado, en esa época, que era una época en que los clientes eran marineros de la Armada, preferentemente, de lo cual hay varios registros fotográficos por ahí que tengo o que tenía. De ahí, mi madre tomó el oficio de dedicarse a la lavandería y almidonar prendas, después que se muere su madre y su tía abuela. Y siguió con el tema del planchado, de lavado de ropa, y el tema también que hacían letras en bordado, me parece que se llama. Eso que se hacían letras en las sábanas y cojines, que era una cuestión que se usaba mucho en esa época. Y ese fue el oficio de mi madre hasta el año 1964. Ese año yo ingresé a trabajar ya con un contrato de trabajo en COFRIMA (Compañía Frigoríficos de Magallanes).

El año 1956, por una gestión de la profesora Olga Sommer, yo estaba en tercera preparatoria, y me trasladaron a otra escuela ya que mi madre vivía en una situación paupérrima. Ya tenía yo otra hermana, y me trasladaron a la Escuela Hogar de Agua Fresca.

Pero, poco antes, yo estudié en la escuela 7. Hasta el año 1956, primer semestre, ubicado en calle Chiloé, donde está hoy día la escuela D 17, el segundo semestre me trasladan a la Escuela Hogar N° 48 de Agua Fresca.

Quizás podríamos conversar algo sobre Olga Sommer también porque tiene una hija que estuvo, entiendo, detenida desaparecida o su compañero. Ella vio a mi madre en situación paupérrima a esa altura. Como dije antes, ya habían fallecido mis abuelas, y un tío que yo tenia se toma, se apropia de la casa y mi madre fue trasladada a vivir en una sola pieza.

Eso sí que estamos hablando de una época en que había leña y carbón, cierto. Se usaba papel para calefaccionarse, no había gas. Y nos trasladamos a una pieza de 3 por 3, que todavía está ahí esa pieza, con la misma medida de esa época. Y bueno, dormíamos todos en una cama y ahí en nuestra pobreza, era que, y hay algunos que no lo creen, nos acostábamos el viernes y nos levantamos el lunes para ir al colegio. Para no gastar. Para solamente gastar la calefacción que se requería para la alimentación.

Llegué a la Escuela 48 en 1956, estuve ahí hasta 1960. La Escuela 48 era una escuela hogar en la que habían otros pobres como yo y también niños que eran delincuentes, que eran alojados en la escuela hogar, que está todavía ese espacio en el kilómetro 30 en Agua Fresca.

Adolescencia

Y de ahí ya mi escolaridad cambió porque pasé de sexto a séptimo, en ese tiempo a primero medio. Y fui trasladado becado a la Escuela Industrial, también internado, en una época en que los alumnos de la Industrial eran casi todos mayores de edad. Digamos, no habían niños como el caso mío. Y eso hizo que yo no aguante el ritmo ahí porque era un un «pendejo» al lado del resto, que ya eran todos mayores. Los menores que seguían tenían 18, 19, o 20 años. Y volví a la Escuela 48 como me fue mal en el primer semestre. Terminé ese año en la escuela 48, y terminó mi escolaridad. La vida de estudiante ya no existía. Volví a mi casa.

Trabajé en varios oficios para poder ayudar a sustentar a mi familia, con algo para la alimentación y para la calefacción. Trabajé en esta época antes del 1964, ayudando a llenar un canasto de trozos, de un vecino que tenía ahí un aserradero, quien repartía leña a domicilio, con carro y caballo y el sueldo que me pagaban eran todos los días unos trozos de leña, y eso. Vivíamos de la comida que nos daban. Porque para mi madre, a esas alturas en el trabajo de lavado de ropa, ya había empezado la industria, las empresas que lavan ropa. Por lo tanto, ya no se estaba usando el almidón que era el fuerte mi madre en su profesión de planchado y almidonado. Y empezaron a aparecer otros productos, que ya cualquiera podía almidonar, blanquear y planchar la ropa.

Eran los tiempos del puerto libre, por cierto, en que empiezan a llegar mucho plástico, cuellos y puños plásticos. Lo que era su fuerte, el oficio que tenía mi madre para subsistir, cambió todo. Y, como dije antes, nos alimentábamos preferentemente de lo muy poco que ganaba mi mamá, pero también de lo que íbamos a buscar, junto a otros niños, al puerto. En ese tiempo, se hacia el traslado de la mercadería del muelle a las bodegas que estaban fuera del puerto. Estas se llevaban a través de carros tirados por un trencito. Y ahí sacábamos cebollas, papas, bueno, lo que caía de repente cuando se rompía un cajón o un saco, y esa era gran parte de nuestra alimentación.

En otros momentos, también retiramos alimentos en los barcos de la Armada o de empresas navieras. Y también, cuando en el muelle no había dónde pedir comida, íbamos al Centro de Abastecimiento de la Armada, que ahí, generalmente, nos daban comida.

Ya en ese periodo, trabajé de ayudante de cobrador de micro. Ya parten las «liebres» en esa época y hago otros oficios. Trabajo en talleres de una fábrica de un ciudadano, me parece que de apellido Valdivia, que había sacado el contrato de los cerámicos de la calle Bories del centro. No sé si se acuerda la gente, eran unos cuadraditos que tenían 9 cuadraditos chicos, algo amarillas, digamos. Y ahí nos pagaba este ciudadano, que era un hombre del partido del Partido Nacional, con cheques a 3, 4, 5, 6 meses, en los tiempos en que los cheque a fecha existían. Y con el cheque, habían unas tiendas que te lo cambiaban. Pero, tenías que comprar la mitad de él en mercadería, preferentemente en tiendas. De ahí me retiro, por ese sistema de pago que no era, la verdad, para las carencias de pobreza, donde se requiere la plata hoy o ayer, no para tres meses más.

Empecé a trabajar frente a mi casa, en un taller de baterías de propiedad de un hombre de apellido Gallegos, antiguo constructor, o restaurador de batería y cargador de baterías, para vehículos. La verdad es que era un oficio de mierda, porque esa es la palabra, en una época que se usaba mucho ácido. Toda mi poca ropa que tenía se fue a la cresta y ahí un vecino mío que vivía detrás de mi casa que trabajaba en COFRIMA, me recomendó a COFRIMA. Ahí yo empecé a trabajar ya con un sueldo, con un contrato de trabajo, y la vida nuestra cambió, totalmente.

Trabajo y Sindicalismo

En 1964, que es la fecha que empiezo a trabajar en COFRIMA, yo tenía 16 años. En esa época, la mayoría de edad era 21 años y, por lo tanto, para poder entrar a trabajar con contrato de trabajo se requería la autorización especialísima de los padres, cosa que no era fácil. Pero era nuestra carencia tanta que mi madre se dió ese trabajo de firmar, aunque era todo complicado. Ella tenía poca escolaridad a pesar de que era culta. Así pude entrar a trabajar ahí. Y ahí trabajé hasta el golpe de Estado en septiembre de 1973.

Ahí, por el triunfo de la Unidad Popular en el año 1970, a poco andar, mi familia era de ascendencia socialista, católica, toda gente de Chiloé. Se nacía, parece, con la militancia y con la religión puestas encima. Por lo tanto, había que ser lo que era, no más. En algunas de las conversaciones con mi madre, se acordaba de los tiempos de mi abuela, de la temporada de la Ley Maldita (1948), cuando se reunían cerca de mi casa, en Chiloé y Perez de Arce y Bellavista, para las reuniones del Partido Socialista, entre comillas. Era la clandestinidad en la época de la Ley Maldita. Seguramente deben haber sido comunistas, porque la persecución era contra los comunistas, más que contra el resto de la izquierda. Así que por lo tanto, las especificaciones que me daba ella, eran las mismas que en algún momento después nos tocó vivir bajo la dictadura: llegar de a uno, con poca luz, etcétera, y retirarse de a uno y conversar muy callado. Y no decir de dónde se venía, ni dónde se iba.

Digo que cuando triunfó el gobierno popular yo ya empiezo a tener alguna afinidad política. El supermercado COFRIMA era uno de los cuatro o cinco supermercados que había en Magallanes. Se transformó, a poco andar, en el centro de abastecimiento de la ciudad porque ya empezaban los paros de los empresarios. Y, ahí por el 1971, surgió la amenaza de «le vamos a quitar la sal y el agua», de parte de la Democracia Cristiana. Entonces, ya el año 1971, formamos un sindicato de los trabajadores de COFRIMA.

Después hicimos un refuerzo allí con la ayuda de la gente del Sindicato de la Empresa Portuaria de Chile. En 1972, yo creo que ya estábamos con el sindicato bien fuerte y entonces yo ingresé al Partido Comunista. Tenía 24 años en la época. Y a poco andar, después de ingresar al partido, empecé a militar con las obligaciones que tiene un partido de izquierda. Digamos, con reuniones de célula, con las cotizaciones al día, con participar de los informes, con la educación política, con mucha fraternidad, para conocer lo que es la vida de los militantes, sobre todo primero, y después, bueno, para poder tener el argumento de salir a trabajar para el partido.

Entonces, formamos la célula COFRIMA. Importante elemento porque justo al poco tiempo se produce la solicitud de la intervención del supermercado por parte de nuestro sindicato, que era el único sindicato que teníamos ahí. Esto a raíz de los paros ya masivos que había en el comercio y del ocultamiento de mercadería. Estamos hablando de un supermercado grande en Punta Arenas, así que no es menor lo que se logró enfrentar, a pesar de las colas y todo. Se logró enfrentar el abastecimiento de la ciudad, en que se vende toda la mercadería que llega. Esto fue un compromiso que tomamos los cien y tantos trabajadores que estábamos ahí, que íbamos a respetar, y que nos comprometíamos a ser parte de la intervención como sindicato, es decir, a co-administrar el supermercado.

Preparación del Golpe

A comienzos de 1973, a poco andar, 7 u 8 meses, el supermercado logró tener utilidades suficientes para pagar el crédito con el cual se había construido el supermercado nuevo, compromiso bancario a muchos años, que está ubicado hoy día ese edificio ahí en Balmaceda con Lautaro Navarro. COFRIMA, estaba instalada antes en Errazuriz con Lautaro Navarro. La casa está tal cual como estaba en la época. El año 1971 parece que se inauguró el supermercado nuevo. Por lo tanto, ahí nos tocó asumir responsabilidades políticas públicas regionales, ya en el sentido de que nos transformamos junto a Copeaustral en los únicos supermercados que abastecían la ciudad sin paro.

El interventor del supermercado era el jefe de CORFO, el que delegó en un veterinario de CORFO para que se haga cargo en la práctica, Jaime Campuzano Olea. Nuestra función fue importante porque permitió que la ciudadanía acceda a los productos que estaban siendo escondidos por los grandes empresarios. Los chicos empresarios también, si todos los que tenían negocios escondían mercadería. Y tú podías encontrar productos a 3, 4 veces su valor, si llegabas por la puerta del patio, por la puerta de atrás, o si eras conocido del dueño de un negocio, cualquiera que el sea.

La fortaleza que nos dio la Unidad Popular, nos tocó también en el sector marítimo portuario y fue bien importante porque en 1972 los trabajadores del puerto abrieron una escuela para educar a adultos analfabetos. En la época, a pesar de tener oficio, de tener profesiones, mucha gente era analfabeta, muchos analfabetos, y ese trabajo se hizo en el local del sindicato de trabajadores de EMPORCHI, dentro de la empresa del puerto local.

Y hubo mucha gente ahí que aprendió a leer, ahí aprendió a escribir, obviamente, y a firmar, y a no firmar con una cruz, ni con el dedo. Por lo tanto, para esas personas de 40, 50, 60 años fue un logro muy importante y ese trabajo de sindicato, también lo trasladamos a la educación que requeríamos como trabajadores. Y producto de eso, en lo personal, me incorporé, el año 1972 al primero medio de la enseñanza adulta en el Liceo nocturno. Por lo tanto, además de trabajar, de ser dirigente sindical, también fui estudiante.

Y esa labor de estudiante me llevó a conocer mucha gente, sobre todo a quienes después, muchos de ellos, se transformaron en torturadores. Porque, ya con la llegada de la Unidad Popular se produjeron muchas transformaciones en las Fuerzas Armadas, desapareciendo los grados menores, desaparecen los contratados, soldados primeros, soldados segundos. Empiezan con el tema de los cabos, y a estos cabos se les exige ya que tienen que empezar a estudiar. Porque si quieren ser suboficiales mayores, por ejemplo, tienen que tener licencia media.

Por lo tanto, en el liceo nocturno, tanto industrial, como comercial, como el de hombres al cual yo me matriculé, habían muchos uniformados. Obviamente, que muchos eran conscriptos que se inscribían para ir solamente, para poder llegar tarde de vuelta a los regimientos. Ahí estaban un mes, dos meses y después se farreaban todo el año diciendo que iban al colegio.

Pero, habían muchos con grado, suboficiales, que sí estudiaban y bueno, y con ellos aprendimos mucho. Hubo mucho compañerismo en función de lo que vino después. Digo el año 1973, que también me pilló estudiando y el golpe de estado. Bueno, yo suspendo, se suspendió, abruptamente mi educación media.

Durante 1973, se produjeron varias situaciones que marcaron la historia de Magallanes. No me acuerdo bien la fecha, pero en una oportunidad hubo un intento del empresariado de tomarse el supermercado COFRIMA. Se logró que eso no suceda. Pero, en un forcejeo muere un ciudadano, Manuel Aguilar. Hoy, hay una calle que lleva su nombre a propósito de su muerte. Pero, este ciudadano murió producto de que él estaba enfermo. Era un hombre de edad que vivía a dos cuadras del supermercado en el edificio de La Regional, ahí en Errazuriz. Ese edificio todavía está hoy día. La entrada de COFRIMA tenía como un techo que era bajo. Y 30, 40 viejos ahí lo apretaron, lo dejaron sin oxígeno y el comerciante se murió.

Hicieron grandes esfuerzos por hacer aparecer, digamos, de que la fuerza pública que había ido, que era gente de DIRINCO, a tratar de abrir el supermercado, ellos habían sido los causantes de la muerte de Manuel Aguilar, la verdad que eso no tuvo nada que ver. Este ciudadano murió producto de la falta de oxígeno producto del apretón, y la calidad de salud que tenía él.

Otro hecho de la época que también nos marcó harto, fue el allanamiento de la Lanera Austral. Ya empezaban los militares a aplicar la Ley de Control de Armas y allanaron algunas empresas grandes para, entre comillas, buscar las armas que supuestamente se tenían. Ahí en Lanera Austral mataron a un compañero, un trabajador. Hasta el día de hoy no se ha aclarado la situación. Estamos hablando de más de 50 años.

Pasaron otras situaciones en esos días, que también nos llegaron muy de cerca, como el arresto por medio de una trampa que se le hizo a Carlos Vega Delgado, sobre una supuesta acumulación o compra y entrega de explosivos por parte de unos marinos. Estos sucesos marcaron mucho la realidad política de la ciudad de Punta Arenas antes del golpe de estado.

Quisiera insistir un poco de lo que significó el abastecimiento de mercaderías. Por ejemplo, en la época el estado de Chile había hecho algunos convenios internacionales, entre ellos con la Unión Soviética, y acá llegaba un jurel congelado. El jurel es un pescado chico, que la derecha lo tildaba de que era para crear adoctrinados o que venían con doctrinas. Y, por tanto, vendimos toneladas y toneladas de jurel en el supermercado que sirvió para de una u otra manera combatir en alguna medida el desabastecimiento.

Hay que decir que COFRIMA era una empresa que en un momento fue muy grande. Uno de sus propietarios era la empresa Gildemeister. COFRIMA también tenía muchas estancias hasta antes de la reforma agraria y era propietaria del matadero de Tres Puentes. Con la llegada de la Unidad Popular y el proceso de fortalecimiento de la industria, el frigorífico Tres Puentes pasó a mano de SOCOAGRO. Pero, COFRIMA siguió teniendo la preferencia respecto al tema de lo que tiene que ver con la carne. Es decir, la venta de carne era un elemento importante también de este supermercado para la población, el capón oveja, preferentemente. En la época se consumía muy poco vacuno. Y además de ser supermercado, tenía también una fábrica de cecinas.

Eso significaba que este supermercado también tenía bodegas fuera del espacio donde estaba el supermercado, en Rio Seco. Ahí había un criadero de cerdos. Ese era el que alimentaba la fábrica. Era un criadero grande, en el que trabajaban como 15 trabajadores. Por lo tanto, este supermercado cumplía un rol muy importante de abastecimiento, tanto de alimentación, común y silvestre, como carne, como de cecinas. Y eso hacía que sea diverso y que pueda mantener una gama de productos, digamos diversos para la población que no requerían mucho de, salvo los productos envasados, obviamente, de suministradores de otras industrias, sino que se gestionaba mucho a través de la carne y el proceso de la carne.

Golpe de Estado y Represión

Y ahí nos pilló el golpe civil y militar. El 11 de septiembre 1973 fui a trabajar como todos los días. Llegó una patrulla de la Armada, que nos ordenaron hacer lo que digan los que van a revisar y que había que desalojar el local. Cada uno para su casa, y empezó el tema de los toques de queda.

Nos juntamos con un compañero, militante también del Partido Comunista, fallecido ya hoy día, el día, seguramente miércoles o jueves, no me acuerdo, yo fui a su casa. El vivía en la Cecil Rassmusen. Me recuerdo que una patrulla militar me paró y me querían llevar detenido, porque yo andaba con zapatos de seguridad de ENAP. Entonces me preguntaban si yo trabajaba en el área y yo dije no, entonces los milicos decían, «Ah, así que te robaste los zapatos de ENAP», y bueno, casi me detienen. Llegué a la casa del compañero y veo que está bien. Conversamos un poco y le digo que me devuelvo a mi casa, y me encuentro, lamentablemente, con la misma patrulla en otra parte, aunque bajé por otro lado.

Me parece que el jueves o el viernes fue que abrió el supermercado y ahí conversamos y decidimos que el sábado a la una de la tarde, porque ya habían cambiado los horarios de trabajo, íbamos a salir del trabajo y nos íbamos a ir para Río Gallegos. El sábado en la mañana alguien nos avisó de que había nevado por Morro Chico, Y pospusimos la escapada para Argentina, para el próximo sábado en función de que se tomaba en cuenta que el sábado, el patrón, entre comillas, que podía denunciarnos, el interventor porque además estaba intervenido ahora por los militares, se iba a dar cuenta que no estábamos hasta el lunes. Por lo tanto tendríamos dos días como para caminar y pasar medianamente desapercibido.

No fue así. El 17 de septiembre, en la noche nos llamaban a través de un bando militar, a un grupo importante de jóvenes de las Juventudes Comunistas. Hay que decir que yo el 1971, 1972 ingresé al Partido Comunista, pero a mediados de 1973 me pasaron a la Jota como encargado sindical. Yo tenía 26 años. Era encargado sindical porque se necesitaban jóvenes ya que se debían realizar en agosto de 1973 el Congreso de la CUT y tenía el partido que completar un número de jóvenes dirigentes sindicales. Fui a Santiago, me enviaron a Santiago. Llegué al Congreso de la CUT, no se hizo. Volvimos y ahí nos encontramos con el golpe de estado.

Decía que el 17 de septiembre en la noche salió ese bando en que llamaron a muchos comunistas. Nos presentamos a la Tercera Zona Naval. De ahí, fuimos llevados la mitad al Regimiento Cochrane el 18 de septiembre, en principio nos meten al barracón donde estaban todos los otros presos, o sea los presos que estaban en el Cochrane, obviamente, y empezamos a ver, sin conocer, a muchos compañeros que supuestamente se daban por muertos. Dirigentes de los partidos, hombres conocidos como Daniel Ruiz y otra gente más, que ese mismo día 18 lo habían traído, entiendo, de Isla Dawson. Por lo tanto, yo creo que el cerebro razona en el sentido de decir, bueno, si ellos tenían más responsabilidades que uno, a uno no lo van a matar. Bueno, ese día llegamos, no sé, tipo 10:30 u 11 nos llevaron para el Cochrane. Nos dieron un almuerzo, un almuerzo en el Cochrane de 18 de septiembre, con empanadas, con durazno de postre, etcétera.

Y tipo dos y media horas de la tarde nos sacan a torturar y ahí nos tienen, nos torturan en el campo de tiro del Regimiento Cochrane durante toda la tarde. Desnudos. Nos colocaron corriente, etc. Ya habían momentos en que uno perdía el control del tiempo. Y en la noche llevaron otro resto de compañeros. Y esa noche fue escalofriante, porque la verdad es que ahí ya los infantes de marina habían empezado a usar los perros en contra de los presos. Y la tortura, misma que nos habían hecho a nosotros en el campo de tiro, se la hacen a nuestros compañeros de noche.

Quiero decir que en septiembre de 1973 escarchó, había escarcha, había pozas de agua porque era un pantano de los 2000 metros que tenía la cancha de tiro y por lo tanto había calafates. Y la verdad es que el trato que recibieron los compañeros producto de la oscuridad fue atroz. Por ahí, algo se inicia la famosa leyenda del Hombre Calafate como una tortura de las más bravas, digamos por el tema del calafate, por las infecciones que produce después que el preso era arrojado contra las espinas de este matorral.

Estuve ahí 100 días desaparecido. Mi familia no sabía dónde estaba. Y el 21 de diciembre nos trasladaron a Isla Dawson. Allí estuve en la Barraca Bravo, Bravo 85, con todo lo que conocemos que pasó en los campos de prisioneros.

El 26 de mayo, me trasladaron de la Isla Dawson al Cochrane de nuevo, para iniciar el proceso del Consejo de Guerra contra las Juventudes Comunistas. Y el día 6 de junio, me trasladaron al Estadio Fiscal. La llegada al Estadio Fiscal fue volver a lo que habían sido las terribles torturas que sufrimos en el Cochrane. Que, inicialmente, en el Cochrane igual era tortura diaria, a cualquier hora del día, en un galpón que no tenía nada, estaban los vidrios rotos, con mucho frío y nosotros andábamos, entre comillas, con lo que nos habíamos presentado, nuestra mejor ropita que teníamos, digamos una camisa, tal vez alguno con corbata, zapatos de calle, nada que nos permita abrigarnos.

Y por lo tanto, eso fue toda la prisión así. Después ya la gente, los compañeros, empezaron a darme ropa. Mi madre y yo nos habíamos quedado sin empleo. El único ingreso de mi casa era mi sueldo. Y, por lo tanto, no podía pedirle a mi madre que me mande ni ropa, ni nada.

Ella, cada vez que mandaba cartas, decía que estaba bien. Las eternas cartas, digamos de que para que no sean censuradas y puedan llegar a a la familia y puedan saber que, en alguna medida vistas en el tiempo, que uno estaba vivo.

Y en el Estadio Fiscal, ahí vino todo el proceso del Consejo de Guerra contra la Juventud Comunista que se desarrolló a partir, entiendo que desde agosto y que terminó en octubre. Fui condenado en el Consejo de Guerra a 561 días de prisión. Inicialmente me habían pedido extrañamiento. El abogado que me defendió, Gerardo Gómez, me decía que, lo poco que conversé con él, que no sabía por qué me me pedían extrañamiento, como condena, porque no tenían ni una causa en contra mía. Cosa natural que tenía que ver con todos ya que no había ninguna causa fuerte, digamos, que dijera que teníamos armas, explosivos, atentados, ni nada, sino que era un invento de causa.

Ahora, puede que tenga alguna explicación. Yo pienso que sí. El fiscal que me tocó a mí, que era Mario Casas Barril, era un cliente habitual de COFRIMA, de los sábados. Por lo tanto, seguramente me relacionó con eso y algo, algún privilegio hubo ahí. Obviamente, que no fue lo mismo que en la práctica sucedió con él cuando me llevaron a la tortura en La Casa del Deportista, porque en presencia de él fui torturado. Y, a pesar de que vi muy poco de él porque estaba vendado, yo conocía a Mario Casas varios años, por lo tanto le conocía la voz y sabía que fumaba pipa. Y cuando llegó el momento, de que me hizo firmar un montón de hojas, me sacaron la venda y veo parte de su barba. Pero, yo ya había ubicado que era Mario Casas, el fiscal.

Cuento corto, el Consejo de guerra me conmutó la pena por libertad condicional a 1,082 días y soy dejado en libertad el 10 de octubre de 1974. Obviamente sin empleo. Yo había sido expulsado de mi trabajo con fecha 31 de diciembre de 1973. Por lo tanto, mi madre vivía de la solidaridad de mucha gente. Porque ya ella no trabajaba hacía muchos años y por lo tanto, mucho no podía hacer. Mi hermana recién se estaba incorporando al mundo del trabajo, en una época que los aprendices no ganaban nada. No había sueldo para los aprendices. Ella se fue a trabajar en una peluquería de aprendiz de peluquería, y por lo tanto no tenía ingresos. Pasaron muchos años hasta que empecé a tener ingresos. Así que vivimos, digamos, de la solidaridad y esa solidaridad se mantuvo por mucho tiempo más después.

Exoneración, Cesantía y Resistencia

Yo me casé cesante en 1986. Y en toda esa época no hubo ninguna posibilidad de conseguir trabajo. Por ahí algún compañero que había vuelto a trabajar a la Naviera Broom de vez en cuando nos llamaba a picar sal, que eran faenas de 2 o 3 días para ir a retirar oxido, a limpiar barcos que iban a ser pintados en ASMAR, y muchas veces trabajábamos con nombres de otra persona.

En 1986 decidimos con mi compañera casarnos. Cesantes los dos. Ella había trabajado en un restaurante que yo había ido a ayudar ahí, que era de Carlos Vega Delgado, que se llamaba «El Yoco». Y ahí, bueno, nos enamoramos y nos casamos.

Y en esa época, en 1986, yo ya estaba trabajando en la clandestinidad en el partido. Yo ya trabajaba en el partido clandestinamente acá el 1978, 79, recuperando el partido. Y preferentemente la Jota en el caso mío, junto a otros compañeros. Recuerdo una actividad a la que fuimos fuera de la ciudad, nos ayudaron los viejos, fuimos como 26, 27 jóvenes. Joven, estamos hablando de gente de 30, 35 años porque éramos los jóvenes que habíamos sido de la Jota, algunos antes del golpe de Estado y algunos hijos de compañeros, digamos clandestinamente. De ahí, quedé como parte de la dirección de esa Jota. Pero, a poco andar este número de 26, no teníamos experiencia de clandestinidad, no conocíamos el compartimiento. Empezamos de cero, escuchando, leyendo mucho, de cómo se funciona clandestinamente para evitar dejar rastro y todo eso y a poco andar de aquel Encuentro, digamos, quedamos como 6 o 7 porque ya la gran mayoría tenía trabajo, no se arriesgaba a perder su trabajo.

Ir a una reunión significaba en algunos casos, para juntar 4 o 5 personas, un trabajo de entrar 2 días antes de la reunión, de a uno. Por lo tanto, éramos cuatro, podíamos estar para hacer la reunión y esperar dos días de que entrara el primer compañero. Igual, después para salir lo mismo muchas veces.

Pero, en 1986 yo ya estaba en el partido y la Jota estaba arriba. En 1982, 1983, la Jota instaló un café, una peña, que se llamaba Café Cultural. Ahí ya la Jota, de esos 6 compañeros de los 1980, ya tenía como cerca de 100 militantes distribuidos en Bases. Y ya con el trabajo operativo. No se hacía nada en Punta Arenas en la oposición, si no se juntaba con las Juventudes Comunistas y el Partido Comunista, que era el más numeroso, producto de su estructura, su infraestructura, que tenía mucha gente que se había incorporado a su forma de trabajar, que era compartimentada, lo que también permitía una cosa segura. Se habían hecho otros intentos, pero habían caído presos. Otra gente había hecho otros intentos, pero nos mantuvimos y ahí ya a esas alturas de 1986 ya el partido también estaba arriba.

También, el año anterior me habían pasado al partido y seguimos trabajando hasta el Congreso del partido, que fue en 1988-1989, en que también sigo quedando en la dirección. Yo fui Encargado de Propaganda en la clandestinidad, tanto de la Jota como del partido. Por lo tanto, me tocó a mí. Como mi misión era la imprenta, digamos, no podía participar de ninguna actividad pública, porque en mi casa estaba el mimeógrafo, el papel, la tinta. Y estaba como casa de seguridad también. Yo vivo medianamente en el centro, por tanto, era fácil llegar a una casita vieja que nadie le daba ninguna importancia. Y por lo tanto cumplió con mi mamá antes que me case. Y después cuando me casé y mi compañera también jugó una importante labor en el trabajo de la clandestinidad, del Partido.

Vuelta a la «Democracia»

Volvió la democracia en 1990, y todos teníamos la esperanza de que íbamos a recuperar nuestros trabajos. Habían algunas experiencias internacionales que decían que había terminado la dictadura y los gobiernos que se instalaban solucionaban el tema laboral, digamos de los exonerados, de las empresas intervenidas por las distintas dictaduras.

Recordando sobre mi familia, yo dije antes que que era hijo de padre no compareciente. Nunca tuve relación con mi padre. Salvo muy pocas veces. Pero, cuando caigo detenido, mi padre por intermedio de alguien me hizo llegar el ofrecimiento de colocarme un abogado. Cosa que yo no acepté. Estamos hablando de julio o agosto de 1974. Porque ya a esas alturas se sabía que en los consejos de guerra que habían habido, valía poco y nada tener o pagar un abogado, cuando habían abogados voluntarios que lo hacían. Y la verdad es que no tenían ninguna posibilidad de ganar ni un juicio de ellos. De hecho, no dejaron a nadie libre por un alegato legal, digamos, de parte de los abogados contra las cortes marciales. Y bueno y de ahí seguí con el nexo cortado con mi padre, hasta mucho después que, bueno, ahí parcialmente, conversé alguna vez con él.

Decía que a todo esto ya nace otro hermano de mi madre. A todo esto ya en los 80, en los 90 ya mi hermana trabajaba. Y en 1986 yo me caso y en 1987 ya soy padre de familia y nace una de de los cuatro hijos que tengo. Mi compañera tenía un niño ya de 3 años en esa época. Y con él somos cuatro. Tengo cuatro hijos con mi compañera, con la cual estamos separados hace un par de años. Pero, bueno, hemos recuperado la amistad.

Decir que el matrimonio fue bastante complicado desde el punto de vista económico, porque yo me vine a casa y no teníamos empleo. Pero, a propósito de la idea de un compañero que yo, entre otras tantas cosas, juntaba música de la época de los casetes. Él me dice, pero por qué no vendes casetes, si hay tanto casete pirateado y tú que tienes música de Inti Illimani y otros, que no están en las discotecas, que no están en ningún lado, te puede ir bien. Bueno, estuve de 1986 a 1990 vendiendo casetes, lo que me permitió parar la olla y también, digamos, alguna otra cosa.

Ya ahí agarré otras «pegas». Hay un compañero que me prestó su nombre para iniciar actividades, de maestro de obras menores, en pintura, carpintería, etcétera, que lo mezclaba con la venta de los casetes, y por lo tanto, pude conseguir trabajo en varias empresas, entre comillas con otro nombre.

La gente que estaba en la empresa, me conocía. Pero, como en el caso de la Compañía Chilena de Tabaco, el caso de la CORMUPA o de la Municipalidad y otras en que hice «pegas» en la época, no era yo. Era otra persona que entregaba la factura, yo hacía la «pega». Yo contrataba. Yo compraba todo, lo hacíamos con esa emisión de actividades. Y como estábamos medianamente coludidos con los que sabían quién era yo, de esa manera pude trabajar. En 1990, dejé la venta de los casetes, esperando que la llegada de la democracia nos iba a devolver el trabajo. Y la verdad es que no pasó eso.

Yo ya militaba más en el partido. Seguía changueando. Seguía como maestro de obras menores. Seguía haciendo el trabajo ya con mi nombre, como en 1991, 92, en la Compañía Chilena de Tabaco. Siempre escondido, igual, cuando llegaba alguien de Santiago porque la empresa tenía acá un par de vendedores y un encargado de la bodega. No tenía más estructura que esa. Hay que decir que la Compañía Chilena de Tabaco era presidida por el que había sido ministro del Interior de Pinochet, Carlos Cáceres. Y el equipo de seguridad, porque tenía un gran equipo de seguridad de la empresa que vigilaba las alarmas, la guardia. La protección de las bodegas estaba dirigida por guardias sobrevivientes del atentado a Pinochet. Por lo tanto, era bien difícil cuando llegaba gente de seguridad de la empresa, o gente de otro nivel. Yo simplemente me desaparecía de la compañía pues no quedaba otra, y alguien asumía las innovaciones que habían.

Y ahí trabajé medianamente bien hasta que salió la ley de la prohibición de la publicidad en sitios, en la población, la Ley de Tabacos, en que se saca la publicidad de las calles. Se saca la publicidad de los locales. Toda la comercialización, los avisos de cigarros, desaparece y obviamente quedé sin «pega». Porque esa era mi función, instalar, arreglar, reparar, hacer y reparar cigarreras, letreros luminosos, distintas medidas público o privado, adentro de almacenes, etcétera. Y ese había sido mi oficio durante 7 u 8 años. Yo tenía instalado, tanto en la empresa como en mi casa, un pequeño tallercito, un lugar para pintura y esas cosas.

Y ahí volví de nuevo, digamos, ahí ya empecé a trabajar el tema de derechos humanos. Alrededor de 1990, empezamos con los exonerados. Que era el tema con más prioridad. O sea, antes había otra gente que estaba trabajando en el tema de derechos humanos más amplio, como el caso de Lucho Soto, que veía el tema del exilio, que era el tema más fuerte que había. El otro tema que vino después, ahí mezclado con familiares de ejecutados políticos.

Pero, lo que agarra más fuerza, es el movimiento de los exonerados. En Magallanes yo creo que debemos haber habido más de 6000 exonerados políticos. ¿Por qué digo 6000? Porque en el campo reformado trabajaba la Federación 27 de Julio, que pertenecía al sindicato de trabajadores del campo, y tenían 3000 socios. Por lo tanto, todos esos se fueron a la calle. La CORMAG tenía como más de 1000 personas contratadas en las distintas instalaciones que tenía. Y la empresa privada, y empresas del Estado como ENAP echaron como en la primera pasada como 200 personas. En el puerto. La Línea Aérea de Chile, entre las tantas empresas que me acuerdo. Y por lo tanto, las asambleas iniciales de exonerados eran masivas. Estamos hablando de 300, 400 viejos en los 1990s. Y ahí yo ingreso a la directiva de los exonerados políticos en función de que yo era el único que venía de las empresas privadas intervenidas. El resto era todo de las empresas estatales. Y ahí me incorporo.

A poco andar, ya la cosa se decanta más. Quedo en el equipo chico de los exonerados, de dirigentes de exonerados y se produce la discusión de las primeras leyes. Y al presidente que había lo hacemos renunciar, porque el Comando Nacional de Exonerados, que estaba presidido en ese tiempo por Vargas, llegó a un acuerdo con alguien y nos querían hacer firmar un pagaré en blanco. En ese tema, cae el presidente que está de acá y nosotros nos negamos a firmar. Y por lo tanto, ya el presidente no nos representaba y la asamblea de exonerados decidió que yo debía ser el presidente de los exonerados.

Logramos algunos objetivos. Muy pocos. Pero, logramos a nivel regional, creo que logramos mucho más que en otras partes del país. Y eso hace que en alguna medida uno se transforme en un representante de algunas necesidades que todavía tenemos los perseguidos por la dictadura, que son hartas. Y me he mantenido en el tiempo, digamos, con la dirigencia. Y un poco alejado de la vida política partidaria, pues se me correteó un poquito.

Y en ese «pega» me mantuve hasta no hace muchos años, hasta la cuarta ley de exonerados, trabajando el tema exonerados políticos y dedicado a obras menores. Ya, a esa altura, pasé de las obras menores a la gasfitería. Y, entonces, mezclaba el trabajo de gasfiter, de obras menores, con el trabajo político y también el trabajo de derechos humanos. Y, desde hace ya hartos años, estoy dedicado al tema del PRAIS, preferentemente. A pesar de que, como todos saben, vemos todos los temas de derechos humanos. Ayudamos en lo que se puede y ese es nuestro nuestro andar de hoy.

Tengo cuatro hijos. Los cuatro solteros. Producto de la Ley Valech se logró que uno de mis hijos estudie con la beca, cuando se producen los traspasos de la beca. Lamentablemente, al segundo año, mi hija no logró cumplir con la exigencia de la ley, que tenía que ver con que era a la que se traspasó la Valech, y ella deja los estudios, y ella adopta la decisión de irse a estudiar a Argentina, donde vive todavía y allá se titula de enfermera y ella trabaja, digamos, en el Hospital de Santa Cruz.

Mi otro hijo hoy día trabaja. La hija menor que tiene alrededor de 28 años, trabaja en el Paine. Mi hija, ha quedado cesante producto de esta transformación que pasó con la educación que sale de la Municipalidad. Ella trabajaba en el Departamento de Cultura. Ella queda cesante. Mi hijo mayor, trabaja en una empresa que presta servicios a la Empresa Nacional del Petróleo, específicamente.

Candidato Independiente por el PC

Bueno, y hoy, que es el presente. En varias oportunidades el partido me ha propuesto como candidato. Fui una vez candidato por Williams, hace muchos años, cuando el Partido Comunista de Chile llevó candidatos, al igual que ahora, en todas la comunidades, en todas las comunas del país. Sin conocer, ni haber visitado Williams. En ese tiempo era una base militar naval. No recuerdo que año debe haber sido. Capaz que haya sido el 1996, 97, tal vez. Saqué ocho votos. Y, un voto de la Antártica. Claro miserables ocho votos. Pero, después, la deducción que sacaba era, ¿Cómo saqué esos votos dentro de las Fuerzas Armadas? Bueno, una historia de las responsabilidades que, más allá de la cosa de los derechos humanos, me ha tocado.

¿Cómo llego a ser candidato?

El 2015 se produjo una huelga de hambre nacional de los presos políticos. Me tocó ir con varios compañeros a esa huelga, específicamente tres. Pero, al momento del inicio de la huelga partí solamente yo, pensando que era una huelga que podía durar 5, 10 días, 15 días, 20 días, 60 días, 70 días y duró 90 días. Eso en un comienzo, ya estamos hablando de los gobiernos de la Nueva Mayoría. Inicialmente, la huelga adquiere la solidaridad de toda la Nueva Mayoría. Si, lo único que faltaba era firmar no mas o elaborar un documento para llegar a un acuerdo. Ni siquiera un acuerdo, sino que elaborar un documento para reparar. Pero, a poco andar, la huelga se agudiza porque se alarga, dije antes, 90 días y ya como a los 60, 65 días, ya empezó el sabotaje a la huelga de parte del Estado, de parte del Gobierno.

Y yo me quedo en la huelga. Y ahí, también, me empezaron a alejar un poco de lo que era mi militancia. Decir que yo, antes de la huelga o al momento de la huelga, había sido locutor de la radio Nuevo Mundo por ocho años. Y, por lo tanto, tenía responsabilidad política. Era miembro de la dirección del partido también. Y ahí, bueno, termina la huelga.

De hecho, iba a ser candidato a concejal, hace como tres elecciones atrás y no. No me dieron la pasada. Y algo pasó en esta elección que se me llama. Así que estoy presentándome como candidato a concejal por el Partido Comunista en calidad de Independiente. Yo soy comunista, sí. Y esperamos que esta elección o la campaña a lo menos signifique de que pudiéramos mantener el tema de los derechos humanos, las necesidades de la gente, como bandera, para mantener todavía la vela de la esperanza prendida.

En el tema de derechos humanos en Chile, todavía no se ha avanzado nada. Se está imponiendo una especie de olvido institucional desde el estado. Y no es posible que eso lo aceptemos. Y por lo tanto, he asumido esta responsabilidad de candidato, también, con el compromiso público de que mi bandera va a ser los derechos humanos más allá de los acuerdos políticos que pudieran haber, de los cuales puedo estar de acuerdo o no estar de acuerdo. Pero, el tema de derechos humanos, es como bandera inicial, respecto a los perseguidos por la dictadura militar.

Soy actualmente presidente de la Agrupación de Usuarios PRAIS. Ahí he hecho algún trabajo. Creo que soy merecedor de la confianza de la gente que tiene la tarjeta PRAIS. Creo que he demostrado que he sido capaz de defender lo indefendible en algún momento. Y que sigo siendo, en buena medida, un representante de lo que no hemos podido armar, que son organizaciones fuertes de derechos humanos. He mantenido, creo, la bandera de los derechos humanos y la reparación en alto.

No hemos permitido que se imponga la impunidad, estamos por el castigo a los responsables, estamos porque se sepa qué pasó con Francisco Bettancourt. Y estamos por el nunca más en Chile. Pero, un nunca más en serio, no como el nunca más que se firmó hace años, que no fue más que una invitación a una famosa mesa de diálogo. Mesas que se siguen haciendo hoy día, pero que al final no llegan a ningún lado.

Punta Arenas, 28 de septiembre 2024